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Si hay una característica compartida por toda la Riviera Maya, que se manifiesta de manera aún más patente en Playa del Carmen, es que la diversidad que puede encontrarse, en todos los ámbitos, es prácticamente infinita. Sea en relación a las actividades para desarrollar, sea en relación a las nacionalidades a las que pertenecen tanto los turistas que la visitan, como los moradores del lugar. El objetivo de este artículo es realizar una síntesis de a qué puede atenerse un recién llegado a Playa del Carmen.

Por ser una ciudad a la americana, Playa del Carmen resulta familiar tanto a los americanos como a cualquiera que haya visitado anteriormente los Estados Unidos. Por las exenciones impositivas que mantiene México respecto de los productos norteamericanos, puede encontrarse en estas tierras casi cualquier producto de los de mayor consumo en el país del norte, así como algunas de sus cadenas más reconocidas en diferentes rubros: Walmart, Seven-Eleven, Sears, I-Store, Hyatt, etc.

Un ámbito en donde la diversidad se manifiesta en toda su extensión es en la gastronomía. Pueden encontrarse restaurantes de todo tipo de comidas, que apuntan tanto a segmentos altos como a segmentos medios y bajos. Por supuesto que abundan las taquerías y los lugares de comidas al paso, pero también existe una amplia oferta gastronómica de comida oriental (especialmente de comida japonesa), italiana (se pueden encontrar numerosas trattorias), argentina (parrillas e incluso tiendas de choripanes), brasilera (especialmente del tipo rodizio), por nombrar algunos ejemplos.

Tampoco escasean lugares sofisticados de cocina de autor y clubes de playa donde poder disfrutar los más deliciosos pescados y mariscos contemplando la puesta del sol.

Existen tres etnias preponderantes en la región, y son las siguientes: la de los mejicanos, por supuesto; la de los norteamericanos, en especial como turistas; y, por último, la de argentinos, tanto como turistas como moradores. Pero, a pesar de lo antedicho, Playa del Carmen también es generosa con quienes buscan experimentar el contacto con culturas de otros tipos: uno puede cruzar a un polaco en la playa, a un canadiense en el hotel, a un inglés en la Quinta Avenida y acabar conversando en el antro con un grupo de australianos.

Esta diversidad a la que hago mención también se manifiesta en el abanico de posibles actividades para llevar a cabo en la zona. El turista (o el morador) puede elegir entre un día apacible en una playa semi-virgen como Xpu Ha, donde puede relajare y recostarse al sol bebiendo una margarita, y luego nadar con tortugas marinas y hacer snorkel en Akumal.

O también puede inclinarse por una jornada a pura intensidad en alguno de los numerosos parques de atracciones disponibles, en los que pueden encontrarse montañas rusas, toboganes acuáticos, tirolesas, cenotes subterráneos, o motos de agua, entre muchas otras cosas.

Y, por último, si acaso todo lo antedicho no resultara suficiente, la Riviera Maya presenta por doquier vestigios de la cultura milenaria que le da nombre. Desde el sitio arqueológico más paradigmático de la región, Chichen Itza, hasta la Zona Arqueológica de Tulum, se pueden encontrar decenas de lugares más pequeños para explorar y descubrir cómo se vivía en América antes de la llegada de los españoles en el siglo XV.

Playa del Carmen es sinónimo de diversidad y, por lo tanto, apto para todo público. Asiduamente la visitan jóvenes en busca de fiesta y noche, familias buscando sosiego luego de un año de intenso trabajo y estudio, parejas en busca de momentos románticos, o personas mayores que desean servicios y gastronomía de calidad. Cualquiera de esas necesidades puede ser satisfecha aquí. Claro, si se sabe a quién acudir para asesorarse.